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Emma (y yo)

A Madame Bovary la tenía ubicada al lado de La guerra del fin del mundo, el Decamerón y Los Miserables; encima de Foucault, Martinez Alier, Rostworowski y debajo de los dos volúmenes de Las luchas de Posguerra. Cuando leí Los Miserables, me encontraba en el colegio y entre la academia de inglés, francés, las clases de tenis, los malos muchachos y las buenas notas, me tomó año y medio terminarlo. Tanto Los miserables, como La guerra del fin del mundo los leí más por capricho que por placer. Mis recuerdos son vagos: La batalla de Waterloo, la mujer con barba, Canudos, el robo del pan, los años de prisión, la sensación de asco que me producía el miope, la niña, el león, pero no… Cada libro tiene su momento y yo los había obligado a existir en mi vida en un momento que no les correspondía, por más que yo los necesitara.

La primera vez que intenté leer Madame Bovary fue uno de esos días en los que la vida y los actos carecen totalmente de sentido. Estuve todo el día en pijama y la cama era el único lugar del mundo en el que deseaba permanecer hasta volverme parte del colchón ortopédico. Entonces, cogí el libro y empecé a leerlo. Me detuve a la décima página, Charles Bovary me resultaba extremadamente patético. 

Así que lo de Madame Bovary ha sido más bien amor a segunda vista. ¡Qué novela para más trágica y qué final para más perfecto! [Difícilmente me siento satisfecha con los finales]. He vuelto a ver las palabras transformándose en imágenes sucediéndose una tras otra sin fin. Y eso, que yo disfruto más con Assimov o Beauvoir (que no tienen nada en común uno con otra, ni ellos con Flaubert). En resumen, me ha gustado. Me pareció la protagonista un tanto estúpida (“la época, la época”), pero también por momentos me identificaba con ella: con su hastío, con su frigidez o placer rutinizado, con su insatisfacción… porque por más liberada y poligámica que pretenda ser, llegado el momento soy un poco de ese tipo de mujer tratando de encajar en algún rol  o contra-rol que me esclavice y que nunca llego a entender cabalmente. 

Madame Bovary, al igual que Don Quijote (tal como ya se mencionó en la orgía perpetua), vive en un mundo imaginario que ha sido forjado por numerosas novelas románticas. Se casa ilusionada, pero una vez casada “no le cabía en la cabeza que aquella calma en que vivía fuera la felicidad que tanto había soñado” (109). [Quizás si no hubiese idealizado, pensado, leído tanto, hubiese sido feliz. ¿Pero acaso el saber nos condena siempre a la felicidad racionalizada?].

Algunas citas…

“Era sobre todo a las horas de la comida cuando Emma no podía más, en aquella salita de la planta baja, con la estufa que humeaba, la puerta que rechinaba, los muros que rezumaban y la humedad del suelo; era como si en su plato le sirvieran toda la amargura de la existencia, y con los vapores de la sopa, le subían al fondo del alma como otras tantas vaharadas de hastío.” (138)

Emma “recordó a las heroínas de los libros que había leído, y toda aquella poética legión de mujeres adúlteras se puso a entonar en su memoria un cántico seductor de voces hermanas. Ella misma se convertía en parte verdadera de aquellos seres fascinantes y consumaba el largo sueño de su juventud, contemplándose dentro de aquel modelo de enamorada que tanto había ansiado.” (242)

Emma “de todos modos no era feliz, ni tampoco lo había sido nunca. ¿A qué se debía aquella inconsistencia de la vida, aquella instantánea corrupción de las cosas en que se apoyaba?... Ahora bien, de existir en alguna parte un ser varonil y hermoso, una naturaleza valerosa, desbordante de exaltación y de refinamiento, un corazón de poeta bajo las formas de un ángel, cual lira de aceradas cuerdas que entonara hacia el cielo epitalamios elegiacos, ¿Por qué no le permitiría a ella el azar encontrarlo? ¡Oh!, ¡qué sensación de impotencia! Nada, por lo demás, era lo bastante digno como para consagrarle sus afanes: ¡todo era mentira! Cada sonrisa ocultaba un bostezo de hastío, cada alegría una maldición, todo placer su saciedad, y los mejores besos no dejaban en los labios más que el irrealizable anhelo de una más sofisticada voluptuosidad.” (373-374). “Ella, además, estaba tan hastiada de él como fatigado él de ella, y volvía a encontrar en el adulterio la misma vacuidad del matrimonio.” (381). 

Junio, 2011. Acampada de Porto, Portugal.

"Nos hemos pasao de rosca"

[Edition problems] 4th may, Riviera French Roads

Slavoj Zizek. First Tragedy, Then Farce. November 2009

This is what i called Cultural Capitalism: You buy your redemption from being only a consumerist (you do something for the environment, you do something for help starving children in Guatemala, you do something to restore the sense of community here and so on and so on…). It’s not just buying (…) at the same time you fulfil a series of ethical duties. 

This very interesting short circuit alredy includes the price for it’s opposite. The worst slave owner were those who were kind to their slaves. Charity degrades and demoralises. It is inmoral to use private property in order to alleviate the horrible evils that result from the institution of private property. 

I’m not against charity. In an abstract sense of course it’s better than nothing. But let’s be aware that there’s an element of hypocrisy there. That’s all I’m saying. Of course we should help the children. It’s horrible to see a child whose life is ruined because an operation costs him $20, but in the long term - Oscar Wild would have said - if you just operate the child, then they live a little bit better but in the same situation which produced the disease. 

Mi frontera es el silencio y la guerra un día más, mi batalla es el recuerdo, cada noche es mi consuelo para empezar a soñar. Nadie va a cambiar el llanto, ni las marcas de mi piel, ni la sombra ni el espanto.

Perú no tiene memoria, dicen… pero yo no puedo olvidarlo. Hay días - como hoy - en que los recuerdos de lo novivido se abalanzan sobre mí y el olor a tierra mojada y pólvora me invade. Se dibujan las imágenes: Incluso la esperanza y el odio se han cosificado. Jugamos fútbol con su cabeza. Yo creí. Me enseñaron qué era la justicia e hice de ella mi forma de vivir. Como no quería saber que sucedía, prefería ver a las calatas de alguna revista. Testifico ante sus cabezas negras y voces distorsionadas. Era todo un honor bailar el vals con él. Estábamos en la piscina y los vidrios reventaron. En la Asamblea Pública sus ojos lloran. ¿Por qué llora? Ella nunca estuvo ahí.